349 - A. de Laborde

La renovación de la imagen urbana de Barcelona. A principios del siglo XIX se inaugura un nuevo ciclo de imágenes de Barcelona que aportan nuevas vistas sobre la ciudad y por primera vez, profundizan en su interior con un interés especial por representar los espacios públicos más emblemáticos. Estas vistas aparecen en las publicaciones que se conocen con el nombre de viajes pintorescos, a cargo de viajeros ilustrados románticos extranjeros, que viajan por España movidos por el interés de conocer el país y transmitir su visión de los diferentes espacios geográficos que visitan.

La aportación de Laborde. Esta descripción coincide con el perfil de Alexandre de Laborde, viajero ilustrado y culto que viaja por España entre los años 1798 y 1806, con un equipo de veinte artistas entre los que destacan los dibujantes Jacques Moulinier y François Ligier. En lo referente a Barcelona, publicó dentro de su obra, una serie de imágenes que tienen una doble importancia: Casi todas son inéditas hasta aquel momento y se convierten en los estereotipos visuales más repetidos durante décadas posteriores a su publicación. Como expresó uno de los historiadores más notables de Barcelona, Agustí Duran i Sanpere: “podemos considerar el conjunto de dibujos de Laborde como el Atlas más exitoso de la ciudad de principios de 1800.

La nueva vista desde Montjuïc. En primer lugar, los dibujantes que acompañan a Laborde, proporcionan una imagen global de la ciudad tomada desde Montjuïc. La vista comparte con las realizadas en siglos anteriores, la composición de un primer plano donde se sitúa el observador, un segundo plano dedicado a las Huertas de San Bertrán y, a continuación, la ciudad tras las murallas, con la atención desplazada hacia el puerto y delimitada por un escenario final de montañas. Pero a diferencia de las imágenes precedentes, el primer término está claramente subrayado, tiene un carácter muy paisajístico, muy a gusto de la época, y la ciudad en cambio, pierde protagonismo para convertirse en cierta forma, en un fondo paisajístico de Montjuïc. Se impone pues, una visión más subjetiva, donde prevalece la interpretación del artista. Pero lo más destacable de esta representación de Laborde sobre la ciudad es que substituirá la famosa vista desde el mar tan repetida en siglos anteriores y se generalizará como imagen de Barcelona desde entonces. Los diferentes autores dejan su huella en el tratamiento del paisaje representado en primer plano.